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Ciudades inteligentes y mayores: espacios amigables para la salud cognitiva

¿Puede una ciudad cuidar de la mente?

 

Las ciudades del futuro ya no se definen solo por sus edificios o su tecnología, sino por su capacidad para cuidar a las personas que las habitan. En una sociedad cada vez más envejecida, las ciudades inteligentes representan una oportunidad para mejorar la salud cognitiva y emocional de las personas mayores, convirtiéndose en entornos activos, inclusivos y estimulantes.

 

Vivir en una ciudad amigable con la edad significa poder moverse con seguridad, mantener relaciones sociales, acceder a espacios verdes, y seguir participando en la vida comunitaria. Todo ello contribuye no solo a la autonomía, sino también a preservar funciones cognitivas clave como la atención, la memoria o la orientación.

 

“Una ciudad inteligente no es la que tiene más pantallas, sino la que más escucha y cuida a quienes la habitan.”

 

¿Por qué importa la salud cognitiva en el entorno urbano?

 

Ámbito Beneficio principal Evidencia o ejemplos
Movilidad activa Caminar y orientarse estimula la atención y la memoria espacial Barrios con rutas seguras, señalética clara y bancos de descanso
Interacción social Las relaciones frecuentes reducen el deterioro cognitivo Plazas, centros comunitarios y actividades intergeneracionales
Entornos verdes Disminuyen el estrés y favorecen la neuroplasticidad Parques accesibles y jardines terapéuticos
Tecnología adaptada Facilita la autonomía y el aprendizaje continuo Apps de orientación, recordatorios y comunicación familiar
Diseño accesible Reduce la carga cognitiva y mejora la seguridad Espacios sin barreras, iluminación adecuada y señalización intuitiva

 

Claves para crear espacios urbanos amigables con la mente

 

🔹 1. Diseñar para moverse y pensar

Caminar es una de las actividades más beneficiosas para la salud cerebral. Las ciudades deben ofrecer itinerarios peatonales seguros, con señalización clara, estímulos visuales agradables y zonas de descanso frecuentes.

 

🔹 2. Promover el contacto social y la participación

Los espacios públicos son gimnasios emocionales. Actividades comunitarias, talleres intergeneracionales y lugares de encuentro fortalecen la memoria afectiva y la sensación de pertenencia.

 

🔹 3. Integrar naturaleza y calma

Los parques y jardines actúan como “vitaminas cognitivas”: reducen el estrés, estimulan los sentidos y favorecen la concentración. Incorporar vegetación incluso en calles o fachadas ayuda a crear microambientes restauradores.

 

🔹 4. Incorporar tecnología inclusiva

La digitalización urbana debe estar al servicio de la autonomía. Desde sistemas de transporte inteligente hasta aplicaciones para recordar medicación o rutas seguras, la tecnología puede convertirse en aliada del envejecimiento activo si es accesible, sencilla y con acompañamiento formativo.

 

🔹 5. Apostar por la co-creación

Las personas mayores no son solo beneficiarias, sino protagonistas. Incluir su voz en el diseño de barrios, plazas y servicios garantiza que las soluciones sean realmente útiles, y refuerza su autoestima y sentido de comunidad.

 

Ejemplos de iniciativas cognitivamente saludables

 

  • “Paseos con memoria”: rutas señalizadas con puntos de interés histórico y ejercicios de orientación para personas mayores.
  • “Plazas activas”: espacios con mobiliario lúdico, juegos de palabras y paneles interactivos para estimular la mente mientras se socializa.
  • “Aulas abiertas en el parque”: talleres de tecnología, lectura o reminiscencia al aire libre.
  • “Barrios inteligentes”: sensores de iluminación adaptativa, semáforos con tiempo prolongado y apps que notifican eventos comunitarios o alertas de seguridad.

 

Lo que dice la evidencia

 

Investigaciones recientes muestran que los entornos urbanos amigables con la edad reducen la soledad, mejoran el estado de ánimo y potencian la función cognitiva (Chen et al., 2024; Whear et al., 2023). Además, el contacto con la naturaleza y la actividad física moderada están asociados con una menor incidencia de deterioro cognitivo (He et al., 2024).

 

El reto está en integrar la tecnología con la empatía, el diseño con la participación, y la innovación con la humanidad.

 

Recomendaciones para profesionales y comunidades

 

  • Incluir la salud cognitiva como eje en los planes de urbanismo y envejecimiento activo.
  • Promover alianzas intergeneracionales en los barrios para fortalecer el tejido social.
  • Evaluar el impacto de los entornos en la autonomía y bienestar mental.
  • Formar a técnicos, arquitectos y profesionales sociales en diseño amigable con la mente.

 

Reflexión final: ciudades que cuidan la mente

 

Las ciudades inteligentes deben ser también emocionalmente inteligentes. Un entorno urbano que favorece la calma, el movimiento y la conexión social es, en esencia, un entorno terapéutico.

 

“El mejor futuro no será el de las ciudades más tecnológicas, sino el de las más humanas.”

 

Envejecer activamente también significa hacerlo en lugares que nos estimulen, nos escuchen y nos inviten a seguir aprendiendo cada día.

 

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